Impuestos en México: por qué la palabra ya no alcanza
La palabra impuesto no solo describe un pago. Define una relación.
Hay palabras que, aunque sigan siendo correctas, dejan de funcionar con el tiempo.
No porque estén mal escritas, sino porque ya no conectan con cómo vivimos hoy.
Impuestos es una de ellas.
No es nueva la resistencia que genera. Tampoco es casual.
Desde su origen, la palabra viene de imponer: algo que se coloca desde arriba, sin opción, sin diálogo.
Y aunque en la práctica sabemos que los impuestos son necesarios para que un país funcione, el término carga con una sensación difícil de ignorar: obligación, presión, castigo.
El problema no es pagar, es cómo lo pensamos
Muchas personas no tienen problema con contribuir.
Lo tienen con sentirse forzadas, con no entender, con no ver claridad.
Cuando algo se nombra como impuesto, el mensaje implícito es claro:
esto se te impone, te guste o no.
Y eso condiciona la relación desde el inicio.
¿Y “tributo” sería mejor?
A veces se propone cambiar la palabra por tributo.
Suena más suave, menos agresiva. Pero también viene de otro tiempo.
Tributo remite a:
- reinos
- vasallaje
- estructuras jerárquicas antiguas
No tiene la carga negativa directa de impuesto, pero tampoco refleja cómo funcionan hoy las sociedades modernas ni cómo las personas quieren relacionarse con el Estado.
El lenguaje importa más de lo que creemos
Las palabras no solo describen la realidad.
La construyen.
Cuando el lenguaje se queda atrás, genera distancia.
Y esa distancia se traduce en evasión, rechazo o simple desconexión.
No porque la gente no quiera cumplir, sino porque no se siente parte del sistema.
Tal vez no se trata de cambiar la ley, sino la conversación
No estamos diciendo que mañana dejen de existir los impuestos.
Estamos diciendo que vale la pena repensar cómo los nombramos y cómo hablamos de ellos.
Un lenguaje más claro, menos impositivo y más cercano:
- reduce fricción
- genera comprensión
- facilita decisiones responsables
Decidir mejor también empieza por las palabras
En Asesorame entendemos que tomar buenas decisiones no depende solo de números o reglas, sino de comprender qué estamos haciendo y por qué.
Y a veces, el primer paso para decidir mejor es tan simple y tan complejo como revisar las palabras que usamos todos los días.
No todo lo que se ha dicho tiene que seguir igual.
Pensar distinto también es parte de avanzar.
Hablemos.